México
es un país que tiene una tradición pacifista que linda en lo inofensivo. Salvo
por la guerra contra Estados Unidos, con sus funestas consecuencias de pérdida
del territorio nacional, y la intervención francesa, México tiene por tradición
no hacer la guerra a ningún país. Esto puede ser tomado como una vocación hacia
la paz o una pasividad obligada por lo raquítico de nuestras fuerzas armadas.
No tenemos un ejército capaz de enfrentar a ningún masiosare que, de
proponérselo, profanaría con su planta su suelo de manera impune. No lo
tenemos, pero nunca nos ha hecho falta.
Y
de repente, sin razón, surgen las amenazas al suelo patrio. Primero, el grupo
de fanáticos fundamentalistas ISIS, quienes colocan a México al final de la
lista de sus 60 principales enemigos. Nadie lo ha tomado en serio, pero no deja
de ser un foco de atención.
Y
luego llega Donald Trump. Su demagogia es pedestre, pero un sector de la sociedad
norteamericana se siente representada por el empresario venido a político. Primero
propone la solución al problema migratorio, según el: el súper muro. Y como los
contribuyentes protestaran, diciendo que esa obra sería muy costosa en relación
a su beneficio económico, propone algo todavía más absurdo: que lo pague el
gobierno mexicano. ¿Por qué? ¿Es para defendernos de la migración de políticos
desquiciados a territorio nacional? Y como fuera unánime la respuesta de que
esto no va a ser así, llega al extremo demencial de amenazar militarmente a
nuestro país.
Entendámoslo:
el muro nunca va a existir. Es kafkiano, es la muralla china para defender al
imperio, no de una tribu bárbara, sino de trabajadores manuales que la economía
norteamericana necesita. Pero la propuesta (pues sólo quedará en eso) no va
dirigida a los mexicanos: su destinatario es el votante gringo. La muralla
pretende atrapar votos, no migrantes.
Y
si hiciera falta algún elemento demencial en esta casa de locos, aparece
Anonymous. El desarticulado grupo de pretendidos hackers cibernéticos, de
orientación anarquista, se lanza contra el magnate del peluquín pidiendo a
todos sus seguidores emprendan acciones
de terrorismo virtual contras las páginas de los negocios de Trump para el
próximo 1 de abril.
¿Qué
sigue? ¿Qué los seguidores de la Santa Muerte organicen un magno ritual para
que Donald Trump fallezca antes de poner la primera piedra del Muro de Berlín
II? ¿Qué el papa Francisco lo condene al fuego eterno?
La causa de la migración es la misma del
narcotráfico: la demanda del mercado. El consumidor gringo necesita cocaína y
marihuana. El empleador norteamericano necesita a quién pagarle 6 dólares la
hora sin pagar impuestos ni dar seguridad social. Los muros no se escalan ni se
derriban: se cruzan en túneles de un kilómetro y medio.
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