¿Cuál
es el deporte nacional de México? El tema se puede debatir. La primera
respuesta sin pensar sería “futbol”, pero tras los pobres resultados del Tri,
sería un pasatiempo fallido. Otra respuesta más creíble es “la corrupción”. En
efecto, somos parte de un país donde este mal se puede vivir, palpar, respirar.
Ni siquiera vale la pena pensar si somos corruptos. Más bien deberíamos
preguntarnos en qué escala y con qué frecuencia. La variedad incluye: comprar
películas piratas, comprar fayuca, darle una “mordida” al agente de tránsito,
dar cualquier tipo de gratificación por una trámite “gratuito”, pagar el
“diezmo” (o “veintezmo” según el caso) para que nos asignen algún contrato gubernamental,
pedir cualquier tipo de retribución por nuestros servicios y todas las demás
que nuestra imaginación discurra.
Lo
anterior es parte de la mala fama que nos han hecho. Que el país siempre
aparezca mejor posicionado en las listas de Transparencia Internacional que en las
de la FIFA o que el nombre de México figure junto a países que ni siquiera
sabíamos que existían es casi un complot contra la nación. Si nos atenemos a
esta época electoral, sin importar el estado de la República, el partido
político o el cargo a elegir, la verdadera vocación del mexicano es la
filantropía.
¿Cómo
dudar de las nobles intenciones de los candidatos si están dispuestos a gastar
cantidades varias veces superiores a los topes de campaña para servir al pueblo
y dar su vida por sus representados? Sin dudarlo un instante, los abanderados
manifiestan que la vocación de servir es la única razón que los mantiene
pagando espectaculares, comprando entrevistas en medios, realizando perifoneo
con horribles parodias de canciones populares, contratando porristas para los
principales cruceros de la ciudad, distribuyendo volantes que lamentablemente
nadie lee, en fin, derrochando dinero con tal de estar cerca de los electores
para convencerlos de la sinceridad de sus propuestas.
Todos
quieren ayudar a la ciudadanía, todos quieren trabajar y luchar por el bien de
la comunidad. Y si acaso los electores ingratos no reconocieran los esfuerzos
de sus representantes y sólo recibieran las migajas de un salario burocrático,
ellos compensarán todo este sacrificio con la adquisición de algunos bienes que
justifiquen sus desvelos: casas, terrenos y ese tipo de detalles que cualquier
ser humano sensible agradece.
Debemos
soñar en algo grande, algo que nos llene como personas y nos haga crecer, al
tiempo que prodigamos el bien para la sociedad. No queremos parecer interesados
pero ¿tanto sacrificio, inversión y trabajo para un mugriento salario?
Fe-d-ratas.blogspot.mx
reyes_josejavier@yahoo.com
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